VUELVE A LLAMARME CAPULLO

Romancock 

 

 

)
 

He de reconocer que la premisa de Hancock me interesaba. Era una oportunidad para ver si era posible hacer una película de superhéroes sin necesidad de recurrir a las grandes franquicias como DC o Marvel. Para ver si se podía crear un superhéroe de la nada y que funcionase en taquilla. 

La buena noticia es que Hancock funcionó en taquilla. Logró ponerse en el número uno de recaudación en su primer fin de semana. Hasta que apareció la segunda parte de Hellboy, claro está. Pero eso es otra historia.  

Hancock es un desastre. Es una especie de Superman, alcohólico, desaguisado y sin mucha madera de superhéroe. La ciudad al completo le odia porque, cada vez que interviene, genera muchos más problemas de los que intenta solucionar. Y destrozos. Muchos destrozos. Es un superhéroe a la fuerza. Pero todo empieza a cambiar cuando conoce a Ray Embrey, un relaciones públicas altruista que quiere cambiar el mundo (Nota para posibles guiones: ¿Un relaciones públicas altruista que quiere cambiar el mundo? Si, claro. Es como intentar escribir una historia sobre una abogado íntegro). Ray pretende renovar la imagen de Hancock, convertirle en un superhéroe de verdad y hacer que le gente le acepte y le admire. 

Como ya he dicho la premisa me parecía muy interesante. Y lo es, sólo que durante la primera mitad de la película. Hancock acepta la ayuda y trata de mejorar. Obviaré las implicaciones de que un superhéroe negro y alcohólico deba pasar por la cárcel para rehabilitarse y convertirse en un miembro útil de nuestra sociedad. Aún así Hancock acepta la condena por los destrozos ocasionados y logra ser aceptado, a su manera, por la ciudad que protege. Y ahí debería haber terminado la película. 

La segunda mitad es un batiburrillo de cosas sin sentido y especulaciones sobre el origen de Hancock. No voy a destriparla aquí por aquellos que tengan algún interés en la película pero, básicamente, es una explicación de la figura de Hancock y de su amnesia. Sólo que con reglas completamente absurdas y aleatorias. Y con esa necesidad de incluir villanos por tener algo que combatir y sin personalidad alguna. 

He de reconocer que las escenas de acción son de lo mejorcito de la película, una de especialidades del director, Peter Berg. La última de Berg fue The Kingdom (creo que aquí se tradujo como Operación Reino o algo así) con Jaime Foxx y Jennifer Elektra Garner y se rumorea que será el elegido para dirigir el remake de Dune. Quizás Hancock abusa de los efectos especiales pero, hey, es una película de superhéroes, es un poco difícil hacer que un tipo agarre un coche y lo levante por los aires sin tener un croma gigante detrás. Aunque Christopher Reeves podía hacerlo en los ochenta. 

Aunque si tengo que quedarme con algo de Hancock es con Will Smith. Es superior a mi. Es un tipo que me cae bien. Y que encima lo hace bien. Tiene ese extraño carisma que hace que te olvides de que estás viendo Indepedence Day. O Soy Legenda. Estoy de acuerdo con esa teoría que circula por la web que dice que si Will Smith puede hacer que Hancock triunfe entonces puede hacer cualquier cosa. Hasta separar el Mar Rojo. Es el Príncipe de Bel Air ¿Qué esperáis? 

Pero aún con Will Smith, Hancock no me termina de convencer. Pero mirad el lado bueno. Podría haber sido Spawn 2. O Shaquille O´Neal. 


 




EEE. A.

Noel Veiga

 

 

Román y yo hemos pasado la semana buscando un formato apropiado para recoger aquí comentarios sobre lo ocurrido durante el E3. Tras algunas malas ideas, unas cuantas más bien extrañas y algún borrador apresurado, hemos decidido no hacer nada.

La decisión se ha tomado porque en algún momento de la conversación nos hemos dado cuenta de un par de cosas:

1) De que todo el rollo de montar un despliegue especial por el E3 es cosa del pasado. Parte de la premisa equivocada de que el E3 es el centro del año en los videojuegos, una especie de ceremonia de los Oscar hortera. Pero ya no, el E3 ya no consiste en concursos de camisetas mojadas con booth babes, colas de horas para jugar a Wii Sports cinco minutos y anuncios sorprendentes de cosas inesperadas. Este E3 ha sido Leipzig. El anterior, una convención de fabricantes de parquets de imitación. Ya no es noticia que el E3 es menos relevante y el año que viene, cuando los medios de comunicación generalistas se den cuenta de qué es lo que ha estado ocurriendo y dejen de aparecer, ni Nintendo se molestará en ir a dar sus resultados financieros.

2) De que todo lo que podamos decir se ha dicho ya. Con todo lo menos relevante que es el E3, la cobertura ha sido la de siempre, de modo que ha habido menos material para el mismo número de periodistas. Todo lo que había allí o lo has visto, o no te interesa, o ambas.

De hecho, buscando un punto de entrada para decir algo relevante nos encontramos hablando de asuntos poco específicos del E3, sea nuestra discrepancia sobre el futuro de Sonic Unleashed, lo poco útil que es presentar una apuesta tan extraña como MAG sin mostrar vídeos en tiempo real o la sorprendente relevancia de los juegos descargables en esta edición.

Lo que más nos atrajo, sin embargo fue un nombre que antaño podía causar escalofríos si se pronunciaba a la ligera en según qué círculos: E. A.

Hace unos meses, EA cambió de rumbo, prometió abandonar su estilo de negocio basado en las tácticas de Darth Vader y el Lado Oscuro de la Fuerza y pasar a una estrategia que permitiese más independencia creativa a los distintos estudios. También prometieron aflojar los grilletes de las piernas a su plantilla de programadores interna y, si se portaban bien, uno de los de las manos, tras protestas de las familias de los desarrolladores, que se empezaron a quejar cuando versiones barbudas de sus familiares llegaban a casa teniendo conversaciones con un balón de baloncesto al que llamaban "Spalding".

El caso es que el nuevo enfoque debe de haber funcionado, porque en los últimos meses los juegos de EA hacen cosas que no hacían antes y la tendencia se ha hecho obvia en el E3. La cosa empezó cuando Skate, desarrollado por el equipo de Need for Speed, resultó ser un buen juego y ganar por la mano al último Tony Hawk. Luego, Bioware / Pandemic entró a formar parte de la compañía y, contra todo pronóstico, parece que no sólo no han implotado sino que siguen haciendo un buen trabajo sin injerencias externas. Recientemente, Dice ha publicado el (justamente) aclamado Battlefield: Bad Company, y su Mirror's Edge ha resultado ser lo más prometedor del E3 con bastante diferencia. Esas cosas antes no pasaban.

De repente, el rinconcito de EA en el que Will Wright bebe martinis desnudo sobre un trono de algas marinas afirmando que sólo así puede desarrollar Spore ya no parece una excepción ¿Es posible que EA se haya convertido en una distribuidora legítima que apoya y defiende a sus creadores, generando espacios creativos seguros y cómodos en los que puedan desempeñar mejor su trabajo? Ante semejante conclusión sólo puedo decir una cosa:

Oh, Dios mío, está lleno de estrellas...

N





Semana Anterior - Semana siguiente

 

(C) Buscadores de Arizona 2008 - Contacto