Me he mantenido alejado de algunos de los estrenos de la temporada, he comprado los que me interesaban y el sobrante me mantendrá caliente en los oscuros días de febrero, como esa cuchara recubierta de caramelo que te guarda tu madre después de hacer flan... todo va bien.
O casi todo.
Fallout 3 no me gusta.
No entiendo muy bien por qué, pero es la verdad. Igual se trata de algún tipo de saturación invernal extraña. Igual la perspectiva de un mundo enorme que explorar me da pereza. Igual la ausencia del humor y el estilo de los dos primeros juegos es demasiado para mí.
Fallout 3 es, obviamente, un juego bien diseñado. Es mejor que Oblivion en todos los aspectos. Dado que no hay un ejército infinito de guardias con superpoderes, el juego tiene que adaptarse a las burradas que se le ocurran al jugador, y lo hace bastante bien. Matar al dueño de una tienda suele hacer que sus amigos o esclavos se hagan cargo del local o, al menos, comenten lo sucedido. No hay trucos sucios como dar poderes desproporcionados a los personajes importantes. Si le pegas a alguien con un bate en la cabeza, se la abres, da igual que sea el dueño de una fortaleza o un peatón irrelevante.
Y, aún así, no me gusta.
Está el sistema de combate, que funciona muy bien por turnos pero tiene la desagradable costumbre de forzar al jugador a regresar al estilo de Oblivion periódicamente, lo que consiste en correr marcha atrás mientras le sacudes a un mutante de dos metros en la cabeza con una ramita y él intenta, en vano, darte un puñetazo. La imagen mental que me genera es más Scooby Doo que Fallout. Está el guión ligeramente extraño, que parece ser el resultado de juntar el estilo medieval de Oblivion con un montón de tacos. Está el doblaje al castellano, el único disponible en la versión que se vende en tiendas y que, a pesar de ser técnicamente correcto, hace que una de las mutaciones causadas por la bomba atómica sea que todo el mundo habla en sólo cuatro voces distintas. Tal vez sea eso.
O, tal vez, haya habido un salto cualitativo durante el último año. Tal vez he perdido cierta capacidad de abstracción, que antes permitía que Ultima Underworld pareciera emocionante y ahora convierte en insoportable cualquier incoherencia superficial en el aspecto o la mecánica de juego.
O, y esta posibilidad es interesante, estoy reaccionando contra la euforia de los medios de comunicación. Estadísticamente no puede haber tantos juegos perfectos en sólo dos años. Si uno lo piensa, es muy probable que en un lustro, al final de esta generación, echemos la vista atrás y pensemos "¿De verdad le dieron un 9.754 a eso?"
Y, por constatar lo obvio y quitármelo de encima, Little Big Planet es la mejor pieza de software que se ha diseñado desde, no sé, no quiero decir Youtube, así que... ¿el solitario de Windows? y sí, me encanta Spider-man: Web of Shadows aunque nadie entienda por qué. Ni siquiera voy a intentar justificar esto último.
¿No has visto el anterior capítulo? Espera, no le des al play. Mejor haz click AQUÍ primero y luego te vuelves.
Si me pongo a pensarlo, entre los cinco integrantes de Plan B hemos trabajado de socorrista, camarero, mozo de carga y descarga, palomitero, acomodador, secretario en una gestoría, dependiente en una gasolinera, dependiente en una librería, dependiente en una tienda de videojuegos, dependiente en un gran almacén, dependiente en una tienda de cómics, encargado en una tienda de cómics, tester de videojuegos, minutador de televisión, diferentes puesto de becario y.... mi favorito: ensobrador.
En la GRAN mayoría de estos trabajos no ha tenido nada que ver ni nuestras aptitudes, ni nuestro talento, ganas, esfuerzo o vocación. Se trataba de ganar dinero rápidamente de la “menos peor” forma ¿Qué diferencia hay entre toda nuestra experiencia laboral y “Plan B: temporalmente trabajando”? Ninguna en absoluto. Igual antes las cosas eran distintas y uno montaba una librería o una tienda de ropa y se disponía a regentarla durante las siguientes tres décadas, más contentos que unas pascuas, pero lo cierto hoy en día es que, en Madrid, todos esos trabajos que hemos tenido los cubren gente como nosotros: veinteañeros que necesitan dinero para caprichos, fiestas o viajes, más que para dar de comer a su familia, y que están dispuestos a currar, eso sí, sin poner mucho interés, por lo que cuestan tres cubatas.
Pero igual hay formas mejores de obtener el mismo resultado. Echadle un ojo al capítulo y luego nos decís.